
Quiénes Somos
Somos el ministerio de habla hispana de First Alliance Church of Lexington. Somos parte de la denominación de La Alianza Cristiana y Misionera. La Alianza es un movimiento mundial centrado en Jesucristo. Queremos conocerlo y hacerlo conocido como Salvador, Santificador, Sanador, y Rey que viene, y completar Su Gran Comisión.

Nuestras Reuniones
Los Domingos a las 10:15 a.m. en First Alliance Church of Lexington
en 1370 Arnold Road, Lexington, NC 27925.
Nuestra Misión
Nuestra misión es traer todo de Jesús a toda la gente de Lexington, el condado de Davidson y el mundo.
Nuestros Valores Fundamentales
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1. El Empoderamiento del Espíritu Santo:
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“Fueron todos llenos del Espíritu Santo” (Hechos 2:4)
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Sin el Espíritu Santo, no podemos hacer nada.
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2. La Palabra de Dios:
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“Perseveraban en la doctrina de los apóstoles” (Hechos 2:42)
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La Biblia es el fundamento de nuestra fe y práctica.
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3. Koinonía:
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“Perseveraban…en la comunión unos con otros” (Hechos 2:42)
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Nos esforzamos para ser una comunidad auténtica, llena de la gracia y de verdad como Jesús (Juan 1:14).
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4. Oración:
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“Perseveraban…en las oraciones” (Hechos 2:42)
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La oración es la obra principal del pueblo de Dios.
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5. Generosidad:
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“Vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno” (Hechos 2:45)
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Todo lo que tenemos le pertenece a Dios; somos solamente administradores de lo que nos ha brindado.
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6. Hospitalidad:
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“Partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hechos 2:46)
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Queremos compartir no solamente el evangelio, sino también nuestras propias vidas.
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7. Evangelismo:
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“El Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”(Hechos 2:47)
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Las personas perdidas le importan a Dios, así que él quiere que sean encontradas.
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Nuestra Declaración de Fe
Hay un Dios (Deuteronomio 6:4), Creador de todas las cosas (Apocalipsis 4:11), quien es infinitamente perfecto (Mateo 5:48), que existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo, y Espíritu Santo (Mateo 28:19).
Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre (Filipenses 2:6-11). Fue enviado por el Padre (Juan 20:21), concebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María (Lucas 1:34-38). Murió en la cruz, el Justo por los injustos (1 Pedro 3:18), como un sacrificio sustitutorio (Hebreos 2:9), y todos los que creen en Él son justificados por Su sangre derramada (Romanos 5:9). Él se levantó de los muertos conforme a las Escrituras (1 Corintios 15:3-4). Él está ahora a la diestra de la Majestad en las alturas como nuestro gran Sumo Sacerdote (Hebreos 8:1). Volverá otra vez para establecer Su reino de rectitud y paz (Isaías 9:6-7).
El Espíritu Santo es una persona divina (Juan 14:16-18), enviado para morar, guiar, enseñar, dar poder, y producir Su fruto en cada creyente (Juan 16:13; 1 Corintios 12:4, 11; Hechos 1:8; Gálatas 5:22-23). Él convence al mundo de pecado, de justicia, y de juicio (Juan 16:7-11).
El Antiguo y el Nuevo Testamento, sin error en su forma original, fueron inspirados verbalmente por Dios y son una completa revelación de su voluntad para nuestra salvación. Constituyen la única y divina regla de la fe y práctica cristiana (2 Pedro 1:20-21; 2 Timoteo 3:15-17).
El hombre y la mujer originalmente fueron creados a la imagen y semejanza de Dios (Genesis 1:27), cayeron por desobediencia, y así incurriendo tanto en la muerte espiritual como la física (Romanos 6:23). Por lo tanto, toda persona nace con una naturaleza pecaminosa (Romanos 5:12), están separados de la vida de Dios (Efesios 4:18) y pueden ser salvos sólo por la obra expiatoria del Señor Jesucristo (Romanos 3:25).
La salvación se ha provisto a través de Jesucristo para todas las personas (1 Juan 2:2). Aquellos que se arrepienten y creen en Él son justificados por la gracia por medio de la fe (Romanos 3:21-24), nacidos de nuevo del Espíritu Santo (Tito 3:4-7), librados de la potestad de las tinieblas, trasladados al Reino del Hijo de Dios (Colosenses 1:13), reciben el don de la vida eterna, y adoptados como hijos de Dios (Romanos 8:14-16; Juan 1:12).
Es la voluntad de Dios que cada creyente sea lleno del Espíritu Santo y enteramente santificado (1 Tesalonicenses 5:23), que sea separado del pecado y del mundo y completamente dedicado a la voluntad de Dios, recibiendo así poder para la vida santa y el servicio eficaz (Hechos 1:8). Esto es tanto una crisis como una experiencia progresiva realizada en la vida del creyente subsecuente a la conversión (Romanos 6:1-14).
Se hace provisión en la obra redentora del Señor Jesucristo para la sanación de la persona entera (Isaías 53:4-5; Mateo 8:16-17). La oración por los enfermos y la unción con aceite se enseñan en las Escrituras (Santiago 5:13-16) como privilegios para la Iglesia en la época presente (Hechos 4:30).
La Iglesia consiste en todos aquellos que creen en el Señor Jesucristo, son redimidos por su sangre, y son nacidos de nuevo del Espíritu Santo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo (Efesios 1:22-23), la Iglesia, que ha sido comisionada por Él para ir a todo el mundo como testimonio, predicando el evangelio a todas las naciones (Mateo 24:14, 28:19-20).
La iglesia local es un cuerpo de creyentes en Cristo (Efesios 5:30), que se ha llamado a amar (1 Tesalonicenses 3:12), y se reúnen para la adoración de Dios, para edificación a través de la Palabra de Dios, para la oración, el compañerismo, la proclamación del evangelio (Lucas 4: 18-19), y la celebración de las ordenanzas del bautismo y la Santa Cena (Hechos 2:41-47).
Habrá una resurrección corporal de todas las personas (Hechos 24:15). Nuestro Señor Jesucristo juzgará con perfecta justicia (Hechos 17:31; Juan 5:28-30) cuando los impenitentes e incrédulos sean resucitados a la angustia consciente de la separación eterna de Dios (Apocalipsis 20:15, 21:8; 2 Tesalonicenses 1:9), y los creyentes arrepentidos sean resucitados (Juan 6:40) al gozo sin fin de la vida eterna con Dios (Salmos 16:11; Apocalipsis 21:1-4).
La segunda venida del Señor Jesucristo es inminente (Hebreos 10:37) y será personal, visible, y premilenial (Lucas 21:27). Esta es la esperanza bienaventurada del creyente y es una verdad vital que le impulsa a una vida santa y un servicio fiel (Tito 2:11-14).
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